
Buscas cada cuánto hay que descalcificar la lavadora y todo el mundo te da el mismo número: una vez al mes. Algunos dicen cada tres meses. Otros, cada seis.
Ninguno te pregunta dónde vives, que es lo único que determina la respuesta. En Madrid el agua es tan blanda que prácticamente no hace falta descalcificar nunca. En Barcelona o en Alicante, cada mes o dos se queda justo. Es el mismo electrodoméstico y el mismo detergente: lo que cambia es el agua que entra por el grifo.
Este artículo va de eso: de averiguar tu número y no el de internet.
Qué hace realmente la cal en la lavadora

El agua del grifo lleva carbonato cálcico disuelto. Mientras está fría se queda disuelto y no pasa nada; en cuanto la lavadora calienta el agua, ese carbonato precipita y se pega a la superficie más caliente que encuentra, que es la resistencia.
Y no es solo cuestión de que dure menos: una resistencia con cal tarda más en llegar a la misma temperatura, así que también consume más, y la lavadora ya es de los tres aparatos que más luz gastan de la casa.
Ahí está lo importante. La cal no es una cuestión estética ni de que la ropa salga menos limpia: es que la costra funciona como un aislante térmico. La resistencia tiene que estar encendida más tiempo y ponerse más caliente para llevar el agua a la misma temperatura, gasta más electricidad en cada lavado, y con el tiempo se acaba fundiendo. Cambiarla es una reparación con mano de obra, y es exactamente la avería que se evita con veinte minutos de trabajo al año.
Es la misma sustancia que deja las manchas blancas en la mampara de la ducha: inorgánica, insoluble en agua y que solo se quita con un ácido. Allí la ves; aquí no.
Cada cuánto, de verdad

Los propios fabricantes lo dicen, aunque sin el detalle suficiente. Siemens recomienda descalcificar cada tres a seis meses y añade que «la frecuencia dependerá de la dureza del agua». Balay da el mismo rango. AEG va un paso más allá y publica una tabla: con agua muy blanda, ninguna descalcificación; con agua blanda, hasta una vez al año; y a partir de dureza media, de cada seis meses a cada mes según cuántos lavados hagas.
Lo que ninguno hace es traducir eso a algo que puedas usar sin llamar al servicio técnico. Eso es lo que hay en la tabla de arriba.
Dos matices que la tabla no cabe. El primero: si haces muchos lavados —una familia numerosa, o ropa de trabajo a diario— acorta un escalón. El segundo: si lavas casi todo a treinta grados, la cal se deposita más despacio, porque el carbonato precipita con el calor. Eso es lo único bueno de lavar siempre en frío; lo malo ya lo vimos en el artículo sobre el moho de la goma.
Cómo saber la dureza del agua de tu casa
Hay tres formas, de más fiable a menos.
La oficial. Entra en sinac.sanidad.gob.es, el Sistema de Información Nacional de Agua de Consumo del Ministerio de Sanidad. Ahí eliges tu comunidad autónoma y tu municipio y aparecen los parámetros del agua de abastecimiento, la dureza entre ellos.
La de tu suministradora. Casi todas las empresas de aguas municipales publican la calidad del agua por zonas en su web, y suelen darla más actualizada y desglosada por barrio, que en ciudades grandes importa.
La casera. Una tira reactiva de dureza cuesta unos pocos euros en cualquier tienda de acuarios o de piscinas. Es la menos precisa pero te sirve para saber en qué escalón estás, que es lo único que necesitas.
Un aviso sobre las unidades, que es donde se lía todo el mundo. En España lo normal son grados franceses (°fH) o miligramos por litro de carbonato cálcico. Si tu dato está en mg/l, divídelo entre diez y tienes los grados franceses. Si está en grados alemanes (°dH), que es lo que usan los manuales de los electrodomésticos alemanes, multiplícalo por 1,8 para pasarlo a franceses.
Y te va a servir más de una vez: ese mismo número decide el nivel del descalcificador del lavavajillas y cada cuántas tazas hay que descalcificar la cafetera. Apúntalo en algún sitio.
Ese mismo dato explica otras cosas de tu casa: en zona de agua dura, la cal también se deposita dentro de los cartuchos de los grifos, y por eso el grifo empieza a ir duro y a gotear antes de tiempo , y dentro del termo eléctrico, donde la cal no enfría el agua pero sí hace que tarde horas de más en recuperarse: lo explico en por qué el termo da agua tibia y se acaba enseguida.
Qué necesitas
- Un descalcificador específico para lavadoras, en polvo o líquido. Unos tres o cuatro euros.
- Nada más. No hay que desmontar ni abrir nada.
El método, paso a paso

1. Averigua tu dureza primero
Puede parecer un paso de relleno y es justo el contrario: es el que decide si vas a repetir esto cada mes o una vez al año. Cinco minutos una sola vez en la vida, porque el agua de tu casa no va a cambiar.
2. La lavadora, vacía del todo
Sin ropa, sin trapos, sin ese calcetín que se quedó dentro. El descalcificador es un producto ácido y a 60 grados ataca el tejido: lo que metas ahí sale estropeado.
3. El producto, en el compartimento del detergente
El descalcificador va en el cajetín, en el compartimento del lavado principal —el que suele llevar el número dos—, con la dosis que indique el envase. No en el tambor directamente, salvo que el fabricante del producto lo diga.
4. Programa largo a 60 grados o más
Sin prelavado, el programa más largo que tengas a esa temperatura. Un programa de algodón a 60 suele valer. El calor no es un adorno: la reacción que disuelve la incrustación necesita temperatura, y en frío el producto pasa por encima de la cal sin hacer nada.
5. Mientras tanto, el cajetín
Saca el cajón del detergente —casi todos salen apretando una pestaña en el compartimento del suavizante— y lávalo a mano con agua caliente y un cepillo. Limpia también el hueco donde se aloja, mirando hacia arriba: ahí suele haber una pasta blanda de detergente y cal que nadie ve nunca.
6. Un aclarado corto al terminar
En vacío, un programa de aclarado o un ciclo rápido, para arrastrar los restos de producto y la cal que se haya desprendido. No es imprescindible, pero evita que la primera colada salga con olor raro.
7. Ajusta la dosis de detergente
Este es el paso que hace que los seis anteriores tarden más en volver a tocar, y va en el apartado siguiente porque merece explicación.
Por qué no hay que echar vinagre
El vinagre aparece en casi todos los artículos sobre este tema y los fabricantes llevan años diciendo lo contrario. Whirlpool advierte de que su acidez, a largo plazo, corroe componentes internos, y señala en concreto las juntas de goma y las mangueras. LG desaconseja su uso repetido en ciclos internos.
Tiene sentido si piensas en qué es el vinagre: ácido acético diluido, que ataca la cal, sí, pero también el caucho con el que están hechas la goma de la puerta, las juntas y los latiguillos. Un uso aislado no va a romper nada. El problema es el hábito, y el hábito es justo lo que recomiendan esos artículos.
Además hay una cuestión práctica: el vinagre doméstico es ácido débil y a la dosis que cabe en un cajetín no disuelve una incrustación asentada. Es decir, castiga las gomas sin resolver el problema.
Y lo mismo sirve para el resto de la casa. La cal que se forma dentro del lavavajillas, en los brazos aspersores, tampoco se ataca con vinagre por la misma razón.

La dosis de detergente es la mitad del problema
Coge la caja del detergente y mira la tabla de dosificación. No hay una dosis: hay tres, y el criterio para elegir entre ellas es la dureza del agua. Casi nadie lo mira, y ahí se juega mucho.
Los detergentes actuales llevan agentes secuestrantes cuya función es capturar el calcio del agua antes de que precipite. Con agua dura hace falta más cantidad de detergente precisamente para eso, no para lavar mejor. Si vives en una zona de agua muy dura y pones la dosis mínima, estás dejando calcio libre en cada lavado, y ese calcio acaba en la resistencia.
Al revés también tiene coste. Con agua blanda, la dosis alta es detergente que sobra, no se aclara del todo y se queda pegado en el pliegue de la goma formando esa capa grasienta que alimenta el moho.
Y hay un tercer coste de pasarse con el detergente que se nota antes que la cal: el exceso de espuma impide que la máquina centrifugue, y es una de las razones por las que la lavadora parece que no desagua cuando en realidad está funcionando bien.
Mirar esa tabla una vez y quedarte con tu dosis es probablemente el minuto mejor invertido de todo el artículo.
¿Y poner un descalcificador en la entrada de agua?
Es la pregunta que aparece cuando alguien vive en Alicante y hace cuentas. La respuesta honesta es que depende de cuánto te esté costando la cal en el conjunto de la casa, no solo en la lavadora.
Con agua muy dura, por encima de los cuarenta grados franceses, un equipo de descalcificación afecta a todo: lavadora, lavavajillas, caldera o termo, grifería, mampara y la propia ropa. Es una instalación con un coste de entrada notable y un mantenimiento continuo, con sal que hay que reponer, así que no es una decisión de artículo de blog: es una inversión que se calcula con los precios del momento y con lo que tengas en casa.
Lo que sí se puede decir es lo contrario: con agua blanda o muy blanda no tiene ningún sentido, por mucho que te lo ofrezcan. Y esa es la mitad de España.
Y un matiz que conviene tener presente antes de ablandar el agua de toda la casa: con el cristal, pasarse de blanda también tiene coste. Lo explico en por qué el lavavajillas deja los vasos blancos.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto hay que descalcificar la lavadora?
Depende de la dureza del agua de tu municipio. Con agua muy blanda, por debajo de 10 °fH, prácticamente nunca; con agua blanda, una vez al año; con agua semidura, cada seis meses; con agua dura, cada tres o cuatro meses; y con agua muy dura, por encima de 40 °fH, cada uno o dos meses. Puedes consultar la dureza de tu municipio en el SINAC del Ministerio de Sanidad.
¿Puedo descalcificar la lavadora con vinagre?
Es mejor no hacerlo como costumbre. Whirlpool advierte de que la acidez del vinagre corroe con el tiempo las juntas de goma y las mangueras, y LG desaconseja su uso repetido en ciclos internos. Además, a la dosis que cabe en el cajetín no disuelve una incrustación asentada, así que castiga las gomas sin resolver el problema.
¿Cómo sé si mi lavadora tiene cal?
Las señales son la ropa que sale áspera aunque uses suavizante, una costra blanquecina en el cajetín del detergente, puntos blancos duros en el pliegue de la goma, y programas con agua caliente que tardan más de lo que tardaban. Si además vives en una zona de agua dura, no hace falta más comprobación.