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Por qué la nevera no enfría pero el congelador sí

octubre 13, 2026
Interior de una nevera con fruta y verdura fresca en las baldas
Víctor Fenoy Ibarra
Por Víctor Fenoy IbarraPublicado el 13 de octubre de 2026 · Actualizado el 14 de octubre de 2026

Si el congelador congela bien y la nevera está a temperatura de habitación, lo más probable es que el aparato no esté roto del todo. En casi todas las neveras combi que se venden hoy hay un único sitio donde se fabrica frío, y está en el congelador: la parte de arriba recibe el suyo por un ventilador y un conducto. Lo que ha fallado es ese camino, no el motor.

Eso explica por qué el síntoma es tan raro y tan común a la vez. Y explica también por qué subir el termostato no hace nada.

Lo que ya se dice por ahí, y es cierto

La primera página de Google está mejor de lo que suele estar en estos temas, así que conviene decir qué hay ya.

Beko es el mejor de los resultados: explica que en un No Frost el frío «se genera en el congelador y se reparte mediante un ventilador y un regulador (damper)», nombra el damper, dice que puede fallar la resistencia de desescarche y da el truco de dejarla desenchufada 24 horas con las puertas abiertas. Naturgy menciona la compuerta, el desescarche y, de pasada, el modo vacaciones. Conforama dedica casi 4.000 palabras a siete causas y a un diagnóstico con termómetro. Y Mi Electro cubre el ventilador y los conductos obstruidos.

Nada de eso es nuestro. Lo que falta es lo que viene ahora: ninguno te dice cuál de esas causas es la tuya. Terminas de leer sabiendo que hay tres o siete sospechosos y sin saber a cuál mirar. Este artículo va de eso.

De dónde sale el frío de tu nevera

Recorrido del aire frío desde el congelador hasta la nevera y los puntos donde se corta

En un frigorífico No Frost —que es prácticamente todo lo que se vende desde hace quince años— hay un solo evaporador, que es la pieza fría de verdad, y está detrás del panel del fondo del congelador. El congelador lo tiene pegado, así que sigue congelando casi pase lo que pase.

La nevera no. La nevera depende de que ese aire frío haga un recorrido completo: un ventilador lo empuja, un conducto lo lleva de un cuerpo al otro, una compuerta decide cuánto pasa y una rejilla lo suelta dentro. Si se corta en cualquiera de esos cuatro tramos, el resultado que ves es exactamente el mismo: congelador perfecto, nevera templada.

Por eso el síntoma no identifica la avería. Identifica el sistema que ha fallado, y ya es bastante: puedes olvidarte del compresor y del gas, porque si faltara gas no congelaría tampoco.

Tres comprobaciones de dos minutos antes de dar nada por roto

Tres comprobaciones rápidas cuando la nevera no enfría pero el congelador sí

Uno: mira si está puesto el modo Vacaciones. Esto es lo que más me sorprendió al preparar el artículo. Bosch lo explica en su propia web: al activar ese modo, «el congelador funcionará con normalidad, mientras que el frigorífico mantendrá una temperatura estable de +14 ºC». Es decir, tu síntoma exacto, provocado a propósito por el aparato. Se activa sin querer con una pulsación larga en muchos paneles. Compruébalo antes que nada.

Dos: mira dónde está la nevera. Bosch indica que la mayoría de sus frigoríficos son de clase climática SN-T, lo que significa que «trabajan de manera óptima entre 10 y 43 ºC». Si la tienes en un garaje, un porche cerrado o un lavadero sin calefacción, en invierno se sale de rango y el reparto de frío entre las dos zonas deja de comportarse como debería. No es una avería: es que está fuera de su sitio.

Tres: comprueba si llega aire. Localiza la rejilla de dentro de la nevera —suele estar en la pared del fondo, arriba— y pega media hoja de papel de cocina encima. Si se queda sujeta sola, el aire está llegando y el problema es otro: el termostato, la sonda, la goma de la puerta o sencillamente que la has llenado tapando la salida. Si se cae, no llega aire y seguimos.

Un aviso sobre esta tercera: en muchos modelos el ventilador se para al abrir la puerta, igual que la luz se enciende. Así que «no oigo nada» no prueba nada por sí solo. Lo que vale es el papel.

Y una referencia para medir, de Bosch otra vez: «los niveles ideales para un buen funcionamiento son 4 ºC en la nevera y −18 ºC en el congelador». Un termómetro de cocina de los baratos, dejado dentro media hora, te dice si estás lejos o cerca.

La prueba que decide: descongelarla del todo y mirar el calendario

Qué significa cada resultado tras descongelar la nevera por completo

Si has llegado hasta aquí, el aire no está llegando. Quedan tres candidatos: hielo tapando el evaporador, el ventilador o la compuerta. Y hay una forma de separarlos sin desmontar absolutamente nada.

Vacía las dos partes, desenchufa y deja las dos puertas abiertas hasta que no quede nada de hielo. Beko dice 24 horas; el servicio de Bosch, respondiendo a una lectora con este mismo síntoma en su blog, dice 48. La diferencia no es un error de nadie: depende de cuánto hielo haya y de la temperatura de tu cocina. Si puedes permitirte el día entero, mejor pasarse que quedarse corto.

Luego enchufa, espera veinticuatro horas, y apunta la fecha. Lo que diagnostica no es si enfría al día siguiente, sino cuánto aguanta.

Si no enfría ni después de descongelarla, el camino estaba despejado y el aire no llegó igual. Eso apunta al ventilador o a la compuerta, y las dos están detrás del panel: servicio técnico.

Si enfría bien y vuelve a fallar en días o semanas, el hielo era el síntoma y no la causa. Lo que falla es el desescarche automático, que es el que debería estar retirando esa escarcha varias veces al día. Descongelarla otra vez solo compra tiempo.

Si enfría bien y sigue bien pasado un mes, fue hielo acumulado por algo puntual: una puerta que se quedó entreabierta una noche, una bolsa impidiendo el cierre, o el desagüe del fondo atascado. Eso último lo cuento con detalle en por qué la nevera hace hielo en el fondo, que es donde está el paso a paso para destaparlo.

Leer el resultado por el tiempo que tarda en repetirse es elaboración propia: es una forma de ordenar lo que dicen los fabricantes, no una medición. Separa bien los tres casos, pero no sustituye a abrir el aparato con un técnico delante.

El panel del fondo: unos te dicen que lo quites y otros que no

Aquí hay una contradicción dentro de la misma primera página de Google que merece la pena señalar.

Mi Electro te da los pasos para desatornillar el panel interior del congelador y mirar si hay hielo en los conductos. Naturgy dice justo lo contrario: «tampoco conviene retirar el panel del fondo para buscar hielo oculto».

Mi opinión, y es opinión: no hace falta abrirlo. La prueba de arriba te da la misma información desde fuera, y detrás de ese panel hay un evaporador de aluminio fino con refrigerante dentro, cables de la resistencia de desescarche y una sonda. Si hay que abrirlo, que lo abra quien vaya a medir algo cuando esté abierto.

Lo que sí puedes hacer tú

Comprobar el modo Vacaciones y los ajustes. Dos minutos y resuelve más casos de los que parece.

Despejar la rejilla. Un táper grande pegado a la salida de aire, o la nevera llena hasta arriba después de una compra grande, deja a toda la balda de abajo sin frío. Separa los alimentos de la pared del fondo.

Revisar la goma de la puerta. Cierra la puerta sobre un billete y tira: si sale sin resistencia, la goma no está sellando por ahí. Una nevera que entra aire caliente todo el día acumula escarcha en el evaporador mucho más rápido.

Destapar el desagüe, si lo ves atascado por dentro.

Hacer la descongelación completa. Es gratis, no estropea nada y, además de arreglar algunos casos, es la prueba que te dice a qué te enfrentas.

Lo que no sirve de nada

Subir el termostato de la nevera al máximo. El problema no es que pida poco frío, es que no le llega. Lo único que consigues es que el compresor trabaje más rato y te suba la factura; una nevera es de los aparatos que más pesan en el recibo precisamente porque no para nunca, como se ve en cuánto consume de verdad cada electrodoméstico.

Pensar que es el gas. Si faltara refrigerante, el congelador tampoco congelaría. Cuando el congelador va bien, el circuito sellado está haciendo su trabajo.

Picar el hielo con un cuchillo o un destornillador para ir más rápido. Debajo hay aluminio de unas décimas de milímetro con refrigerante dentro, y un pinchazo convierte una reparación barata en una nevera para tirar.

Desenchufar diez minutos «para reiniciarla». Si el problema es hielo, diez minutos no derriten nada. Y si no lo es, no hay nada que reiniciar.

¿Y si tu nevera no es No Frost?

Si la tuya es de las de toda la vida, con una placa metálica en la pared del fondo de la nevera que se escarcha sola, nada de lo anterior aplica: ahí el frío se fabrica en los dos sitios y el ventilador no existe. En ese caso el sospechoso es el termostato de la nevera, o esa placa cubierta de una capa gruesa de hielo que ya no deja pasar el frío al aire.

Cómo distinguir un sistema del otro en treinta segundos está en el artículo sobre el hielo en el fondo de la nevera, en el primer apartado.

Cuándo hay que llamar a alguien

En tres situaciones, y las tres son razonables:

Cuando la prueba dice ventilador o compuerta. Están detrás del panel, y cambiarlas implica desmontar, desconectar y volver a montar sin pinzar un cable. No es un trabajo de tarde de sábado.

Cuando vuelve a fallar al poco de descongelarla. Es el desescarche, y ahí hay tres piezas candidatas —resistencia, sonda y fusible térmico— que hay que medir con el aparato abierto para saber cuál es.

Cuando el congelador también empieza a flojear. Si las dos zonas se van calentando a la vez, ya no es el reparto de aire: es el circuito sellado, y esa es la reparación cara.

Sobre si compensa arreglarla: depende de qué pieza sea. El desescarche y el ventilador son reparaciones de las baratas; el circuito sellado, no. Y a partir de los diez o doce años, con una avería del segundo tipo, la cuenta rara vez sale.

¿Por qué la nevera no enfría pero el congelador sí?

Porque en un frigorífico No Frost el frío se fabrica en un solo sitio, el congelador, y sube a la nevera por un ventilador y un conducto. Si ese camino se corta —por hielo, por el ventilador o por la compuerta—, el congelador sigue funcionando y la nevera se queda sin nada.

¿Cómo reinicio un frigorífico que no enfría?

Desenchufar diez minutos no arregla este síntoma. El «reinicio» que sirve es otro: desenchufar con las dos puertas abiertas entre 24 horas (Beko) y 48 (el servicio de Bosch), hasta que no quede hielo. Y lo importante es lo que pasa después, no el momento de enchufar.

¿Puede ser falta de gas?

Con el congelador funcionando bien, es muy improbable. El gas es el mismo circuito para las dos zonas: si faltara, lo notarías primero en el congelador.

¿Sirve de algo subir el termostato de la nevera?

No. El mando no abre el paso del aire, solo le dice al aparato qué temperatura quieres. Si el aire no llega, puedes pedirle 0 ºC y seguirá igual, gastando más.

¿Cuánto tarda en volver a enfriar después de descongelarla?

Dale un día entero antes de juzgar. Lo que de verdad hay que mirar es si sigue bien pasadas una o dos semanas: ahí está la diferencia entre un atasco puntual y un desescarche averiado.

¿Cuánto cuesta arreglar una nevera que no enfría?

No te voy a dar una cifra, porque depende de la pieza, de la marca y de la zona, y los importes que circulan por internet no se pueden verificar. Lo que sí se puede decir es qué tipo de avería es cara y cuál no: la resistencia de desescarche, la sonda y el ventilador son piezas pequeñas y accesibles; el circuito sellado, con gas y soldadura, es la reparación que suele empujar a cambiar de nevera.