
Desmontas la rejilla de la campana, la ves negra y pegajosa, buscas cómo limpiarla y todo internet te dice lo mismo: agua hirviendo, bicarbonato, media hora y a frotar.
Ese método está bien. El problema es que se aplica a «el filtro», y resulta que en muchas cocinas hay dos, y el segundo no se puede meter en agua. Si lo haces, lo estropeas sin que se note, y a partir de ahí la campana funciona pero la cocina huele.
Primero: ¿tu campana saca el humo fuera o lo devuelve?

Esta pregunta decide todo lo demás y no la hace ningún artículo de la primera página.
Si tu campana es de extracción, hay un tubo que sale de ella hacia un conducto de la pared o al tejado. El aire cargado de humo y olor sale del edificio y ya está. La campana solo necesita atrapar la grasa para que no le entre al motor, y de eso se ocupa la malla metálica que ves al mirar hacia arriba. Un filtro, se lava, se vuelve a poner.
Si tu campana es de recirculación —muy común en pisos y en cocinas reformadas donde no había por dónde sacar el tubo—, el aire no sale a ningún sitio: se filtra y vuelve a la cocina por unas rejillas. Aquí la malla metálica retiene la grasa, pero quien quita el olor es un filtro de carbón activo que está detrás, y ese es un consumible.
Para saber cuál tienes, mira encima de la campana. Tubo ancho hacia la pared o el techo, extracción. Nada, y unas rejillas por las que sale aire, recirculación.
Los cuatro filtros, y qué se hace con cada uno

La malla metálica es la que todo el mundo conoce y la única que se lava. Puede ser de aluminio o de acero inoxidable, y esa diferencia importa luego.
El carbón activo estándar es un cilindro o una placa negra que va detrás de la malla. No retiene grasa: atrapa las moléculas del olor en los poros del carbón. Cuando esos poros se llenan, deja de funcionar, y no hay forma de vaciarlos. Balay lo dice con estas palabras en su propia web de atención al cliente: «no se pueden lavar ni limpiar». Se cambia.
El carbón activo regenerable es la versión buena, y si tu campana es reciente puede que tengas uno sin saberlo. Bosch explica el procedimiento: al horno a 200 grados durante dos horas, cada cuatro meses, y dura hasta diez años. El calor quema lo que ha absorbido el carbón y deja los poros libres otra vez. Lo sabrás porque el manual lo llama «regenerable» o «Long Life».
Y el acrílico o de fibra, una manta blanca fina que llevan campanas antiguas y de gama baja, tampoco se lava: cuando se pone amarillo, se tira y se pone otro.
El filtro de carbón: el que casi nadie cambia
Merece su propio apartado porque es el que causa el problema real.
Un filtro de carbón saturado no avisa de ninguna manera. La campana arranca igual, hace el mismo ruido, mueve el mismo aire. Lo único que cambia es que el olor a pescado o a fritura se queda en la casa, y eso la gente lo atribuye a que «la campana ya no tira» o a que «esta campana es mala».
Las señales de que el tuyo está agotado:
- Cocinas algo con olor fuerte y a las dos horas la casa sigue igual.
- El olor se nota más en las habitaciones contiguas que antes.
- Han pasado más de doce meses desde que se cambió, o no sabes cuándo se cambió.
- Es la campana original del piso y nunca has comprado un recambio.
Ese último punto es el más frecuente. Si tu campana es de recirculación, lleva años en la cocina y nunca has comprado un filtro de carbón, es prácticamente seguro que sigue el de fábrica y lleva mucho tiempo sin hacer nada.
Los recambios se compran por modelo de campana, y el modelo está en una pegatina dentro del hueco, detrás de la malla metálica. Llevan una referencia del tipo «filtro de carbón DHZ» o similar según la marca.
Qué necesitas
- Jabón de platos.
- Bicarbonato, un puñado.
- Un cepillo de cerdas blandas o un cepillo de dientes viejo.
- Guantes.
- Agua muy caliente.
Lo que no aparece: estropajo metálico, ni el verde. Rayan el aluminio y lo dejan más poroso, y una superficie más porosa retiene más grasa la próxima vez.
El método para la malla metálica

1. Apaga y desmonta
Con la campana apagada, cada malla se suelta con un tirador o una pestaña metálica: se empuja o se desliza, y el filtro cae hacia ti. Suele haber dos o tres según el ancho de la campana.
2. Mira qué hay detrás
Este es el paso que no está en ningún artículo de la primera página y cuesta un minuto.
Con la malla fuera, alumbra el hueco. Si ves un cilindro o una placa negra encajada al fondo o a los lados del motor, es carbón activo. Ese no entra en el fregadero bajo ningún concepto. Anota el modelo de la campana mientras estás ahí.
3. Llena el fregadero
Agua lo más caliente que salga del grifo, un buen chorro de jabón de platos y un puñado de bicarbonato. Las mallas dentro, en horizontal y completamente cubiertas.
Si no caben, se hace por tandas. Meterlas de canto y a medias no sirve: la parte que queda fuera del agua no se limpia.
4. Deja en remojo media hora
Aquí está el truco entero. Lo que hay en esa rejilla es grasa polimerizada: aceite que ha sufrido calor durante meses hasta convertirse en una película dura y pegajosa. Ese tipo de suciedad no cede a la fuerza, cede al tiempo y a la temperatura.
Media hora de remojo es media hora de frotar que te ahorras. Si está muy mal, una hora.
5. Cepillo blando, en la dirección de la rejilla
Saca una malla, apóyala en el fregadero y pasa el cepillo siguiendo la dirección de las láminas, no en diagonal. Verás que la grasa sale en láminas o se disuelve directamente en el agua.
Insiste en los bordes y en el marco, que es donde más se acumula y donde nadie mira.
6. Aclara y seca del todo
Agua caliente hasta que no queden restos de jabón. Y sécalas por completo antes de montarlas: una malla húmeda dentro de la campana, con restos de grasa alrededor, es un buen sitio para que aparezca olor.
7. Limpia también el hueco
Ya que están fuera, pasa un paño con desengrasante por el interior de la campana: la chapa alrededor del motor, la parte de arriba, las paredes. Ahí también se deposita grasa, y es lo que hace que la campana huela al encenderla.

El lavavajillas y el aluminio
La pregunta más repetida sobre este tema, y la respuesta tiene matiz.
Sí se puede: Teka lo recomienda incluso como la opción más cómoda. Pero la misma Teka, en su página de preguntas frecuentes, responde a quien le escribe porque sus filtros se han oscurecido en el lavavajillas. No es un defecto del aparato: el detergente de lavavajillas es fuertemente alcalino y el aluminio no lo lleva bien. El resultado es un tono gris apagado, mate, que no vuelve atrás.
Es un problema estético, no funcional: el filtro sigue filtrando igual. Pero conviene saberlo antes y no después.
Si tus filtros son de acero inoxidable, no tienes este problema. Si son de aluminio y te importa el aspecto, lávalos a mano. Y si vas a usar el lavavajillas de todas formas, la propia Teka da la pauta: ciclo corto a 50 o 60 grados, sin secado, y sin vajilla dentro, porque la grasa que sueltan acaba en el resto de las piezas.
Y una cosa más: esa grasa acaba en el filtro del lavavajillas, así que si haces esto con frecuencia, revísalo. Es una de las causas de que el lavavajillas huela.
Cada cuánto, de verdad
Las cifras que se repiten —una vez al mes, cada seis meses— son medias que no distinguen entre quien fríe a diario y quien usa la cocina tres veces por semana. La referencia útil es esta:
- Malla metálica: cada mes si cocinas a diario con sartén o freidora; cada dos o tres si cocinas poco o casi todo al horno.
- Carbón activo estándar: entre seis meses y un año según el uso, que es lo que dicen Bosch y Balay. Si fríes mucho, más cerca de seis.
- Carbón regenerable: al horno cada cuatro meses, según Bosch.
- Acrílico: cuando pierde el blanco.
Una prueba sencilla para la malla: si al mirarla a contraluz ya no ves los agujeros con claridad, le toca.
Y si lo que notas no es el olor sino que la campana parece no mover aire aunque la malla esté limpia, el problema está más abajo en el recorrido: por qué la campana extractora no aspira.
Y si la usas mucho, la campana no es lo único de la cocina que acumula esta grasa: pasa lo mismo dentro de la freidora de aire, donde el ventilador la reparte por la resistencia.
Preguntas frecuentes
¿Se puede lavar el filtro de carbón activo de la campana?
Los estándar no: Balay indica expresamente que «no se pueden lavar ni limpiar», porque el agua apelmaza el carbón y lo deja sin capacidad de absorber el olor. Se sustituyen cada seis meses o un año. Los filtros regenerables o «Long Life» sí se recuperan, pero en el horno: Bosch indica 200 grados durante dos horas cada cuatro meses.
¿Puedo meter los filtros de la campana en el lavavajillas?
Los metálicos sí, pero si son de aluminio se oscurecen de forma permanente por el detergente alcalino, como advierte Teka. Es un cambio estético y no afecta al funcionamiento. Si te importa el aspecto, lávalos a mano con remojo en agua caliente; si usas el lavavajillas, ciclo corto a 50-60 grados, sin secado y sin vajilla dentro.
Mi campana tira bien pero la cocina huele, ¿qué pasa?
Si es de recirculación, lo más probable es que el filtro de carbón activo esté saturado. Ese filtro es lo único que elimina el olor en esa instalación y, cuando se agota, la campana sigue funcionando igual de bien: mueve el aire, pero ya no lo depura. Comprueba cuándo se cambió por última vez.