
La puerta del dormitorio ha empezado a rascar. Buscas cómo arreglarla y todos los resultados te llevan al mismo sitio: pinta el canto con tiza, cierra, mira dónde marca y lija ahí. Si es mucho, cepilla.
Ese consejo es correcto en un caso de cada cuatro. En los otros tres vas a quitar madera de una puerta que no ha crecido, y la madera no vuelve.
El truco de la tiza está bien. Lo que está mal es para qué lo usan. El punto donde roza no te dice dónde quitar material: te dice qué se ha movido. Y una vez sabes eso, la reparación suele ser de destornillador.
Empieza por el test de cinco segundos
Antes de mirar nada, haz esto: abre la puerta noventa grados y, con la mano, levanta el canto del pomo hacia arriba. El canto del pomo es el del lado contrario a las bisagras.
Si la puerta sube dos o tres milímetros y vuelve a bajar cuando sueltas, ya tienes el diagnóstico: la puerta no ha crecido, la bisagra tiene juego o los tornillos ya no agarran. Ese juego, multiplicado por el ancho de la hoja, es lo que hace que el canto de abajo arrastre por el suelo o por el marco. Se arregla con un destornillador.
Si no se mueve nada y aun así roza, entonces sí ha cambiado algo: la madera, el marco o el suelo. Sigue leyendo.
Este test no aparece en ninguna de las ocho guías que salen arriba, y decide la mitad del trabajo.
Dónde roza y qué significa

Vamos caso por caso, porque cada uno tiene su reparación y su error típico.
Roza abajo, en el lado del pomo
Es el caso más frecuente con diferencia. La puerta ha caído: gira un poco sobre la bisagra de abajo porque la de arriba ha cedido, y el canto inferior del lado del pomo baja y araña el suelo o el marco.
La bisagra de arriba es la que soporta todo el peso en tracción, igual que el taco superior de una balda: tira hacia afuera del marco. Y sus tornillos agarran en el cerco, que son dos centímetros escasos de madera blanda. Con los años esos tornillos se aflojan o el agujero se pasa de rosca, y la puerta se descuelga.
Lo que no hay que hacer: cepillar el canto inferior. Aunque hoy deje de rozar, la puerta sigue cayendo y en un año volverás a estar igual, solo que con una puerta más corta y un corte en diagonal que se ve desde la puerta.
Roza en todo el canto del pomo, de arriba abajo
Si la puerta traba en toda su altura por el lado del pomo, y no hay juego en las bisagras, lo más probable es que la madera haya hinchado.
Puertas Olamendi, fabricante español de puertas, lo explica en su propia web: «La madera es un material higroscópico, lo que significa que está «vivo» y reacciona constantemente a su entorno», y recomienda mantener la humedad relativa del aire «entre el 40% y el 60%».
Eso significa que una puerta que traba en enero puede cerrar perfectamente en julio. Si la cepillas en el peor momento del año, cuando la madera vuelva a su tamaño te quedará una holgura permanente por la que se ve la luz y pasa el ruido.
Aquí lo correcto es ventilar la habitación, revisar si hay una fuente de humedad concreta —un baño sin extractor, ropa tendida dentro, una pared que condensa— y esperar. Si el roce es tan fuerte que no puedes esperar, lija solo el punto que traba y lo mínimo, no todo el canto.
Roza arriba, en el lado del pomo
Menos habitual y más desconcertante, porque parece que la puerta haya crecido por arriba. Lo que ha pasado casi siempre es que se ha movido el marco: el cerco ha cedido por un lado, o la casa ha asentado, y el hueco ya no es un rectángulo perfecto.
La hoja está bien. Lo que hay que hacer es reencuadrarla dentro del hueco, y eso se consigue separando una esquina con un calce detrás de la pala de una bisagra. Si roza arriba, el calce va detrás de la bisagra de abajo.
Roza en el suelo, en todo el ancho
Si la puerta arrastra por igual de lado a lado y las bisagras no tienen juego, el que ha cambiado es el suelo. Tarima nueva instalada encima de la antigua, laminado que ha hinchado por una fuga, una alfombra gruesa, una moqueta.
Este es el único caso de los cuatro en el que cepillar o recortar el canto inferior es la respuesta correcta. Y aun así conviene medir con la puerta colgada, marcar la línea con un cúter antes de cortar para que no salte la chapa del canto, y quitar un par de milímetros de más para dejar ventilación.
El orden: de lo que se deshace a lo que no

La idea de fondo es simple: haz primero todo lo que puedes deshacer, y solo si nada de eso funciona pasa a lo que no tiene vuelta atrás. Ninguna de las guías de la primera página plantea la reparación así; todas van directas al material.
El tornillo largo, que es la reparación de verdad
Este paso merece su propio apartado porque resuelve la mayoría de las puertas que rozan abajo y casi nadie lo cuenta bien.
Los tornillos que vienen con la bisagra miden entre 16 y 25 mm. Agarran en el cerco, que es la madera vista del marco, y el cerco tiene unos dos centímetros. Detrás del cerco hay un hueco y, más atrás, la fábrica: el ladrillo, el premarco de madera o el montante del tabique.
Si cambias los tornillos de la bisagra superior por unos de 60 o 70 milímetros, atraviesan el cerco entero y muerden lo que hay detrás. La bisagra deja de colgar de dos centímetros de madera blanda y pasa a colgar de la estructura. Es exactamente el mismo cambio de escala que cuando, al colgar una estantería en pladur, pasas de anclar en la placa a atornillar al montante metálico: el taco no aguanta más, es que ya no cuelgas del material débil.
Dos detalles prácticos:
- Usa la cabeza adecuada. El tornillo tiene que quedar embutido en el avellanado de la bisagra. Si la cabeza sobresale, la bisagra no cierra bien y empeoras el problema.
- Si el agujero está pasado de rosca, mete dos o tres palillos de madera con un poco de cola blanca, deja secar y vuelve a atornillar. Es el arreglo de toda la vida y funciona.
El calce de cartón
Si la puerta está desplazada dentro del hueco, un calce fino detrás de la pala de una bisagra la mueve hacia el lado contrario. Se recorta un trozo de cartón de caja con la forma de la pala, se afloja la bisagra, se mete el cartón y se vuelve a apretar.
La regla es sencilla: el calce aleja del marco la esquina donde lo pones. Si roza arriba, calza abajo. Si roza abajo, calza arriba.
Profundizar el cajeado
Es el movimiento contrario. Si la hoja está demasiado hacia el lado del pomo, rebajar un milímetro el asiento de una bisagra con un formón la desplaza hacia dentro. Ya estás quitando material, pero lo quitas del marco, donde no se ve, y un milímetro no compromete nada.
«Roza» y «no cierra» no son el mismo problema

Aquí hay una confusión que arrastran todos los artículos porque el buscador junta las dos consultas. Son dos averías distintas y una de ellas no está en la puerta.

La diferencia se nota cerrando despacio:
- Roza: notas resistencia continua mientras la empujas, como si algo frotase. Cierra, pero rascando. Una vez cerrada, el pestillo entra sin problema.
- No cierra: la puerta llega hasta el marco sin rozar nada y entonces rebota, o hay que dar un empujón para que el pestillo entre en su sitio.
Si es lo segundo, el problema es el cerradero: la chapa metálica atornillada al marco donde entra el pestillo. Con el tiempo la puerta se ha desplazado unos milímetros y el pestillo ya no coincide con el agujero.
Cómo se arregla, sin tocar la hoja:
- Mira el agujero del cerradero de cerca. Verás una marca de roce del pestillo por encima o por debajo del hueco. Esa marca te dice hacia dónde hay que mover la chapa.
- Quita los dos tornillos del cerradero. Desplázalo tres o cuatro milímetros en la dirección de la marca y vuelve a atornillar.
- Si el agujero del marco se queda corto, se agranda un poco con un formón o una lima.
- Los agujeros viejos de los tornillos, si han quedado a la vista, se tapan con palillos y cola antes de volver a atornillar.
Quince minutos y no has quitado un gramo de la puerta.
Cuándo no hay que ajustar nada
Si es una puerta cortafuegos. Las puertas EI de los rellanos, los trasteros y los garajes están certificadas como conjunto: hoja, marco, bisagras, cierrapuertas y holguras. Modificar cualquiera de esas piezas rompe la certificación. Como lo resume una empresa instaladora: «Cualquier modificación no prevista por el fabricante, como recortar la hoja, cambiar las bisagras, sustituir la cerradura o aplicar determinados recubrimientos, puede invalidar la certificación». Si roza, eso lo mira el mantenedor, y en una comunidad es un asunto de la comunidad.
Si es una puerta acorazada o blindada. El bastidor no es madera, sino acero, y el ajuste se hace en las bisagras regulables que lleva de fábrica, normalmente con una llave Allen y con el procedimiento del fabricante. Cepillar el canto de una puerta acorazada no solo no sirve: te carga la garantía y puede descuadrar los bulones de la cerradura.
Si el marco está fuera de escuadra y hay señales en la pared. Si además de la puerta hay grietas en el tabique, el rodapié se ha separado o la cosa empeora mes a mes, la puerta no es la avería: es el síntoma. Ajustarla te hará perder la tarde y volverá. Eso lo mira un técnico.
Si la humedad es de toda la casa. Una puerta hinchada en una vivienda donde además los armarios huelen a cerrado y las paredes condensan no se arregla en la puerta. Ahí lo que hay que tratar es la humedad ambiente, y tenemos una guía específica para el olor a humedad en los armarios que empieza justo por ahí.
Cuánto cuesta y cuánto se tarda
De los seis escalones, cinco cuestan prácticamente nada. Un paquete de tornillos de 70 mm, un trozo de cartón de una caja, unos palillos y un bote de cola blanca que probablemente ya tengas. La herramienta es un destornillador y, como mucho, un formón.
En tiempo: apretar las tres bisagras son dos minutos. Cambiar los tornillos de la de arriba, diez. Mover un cerradero, un cuarto de hora. Sumando todo lo reversible, no llegas a una hora.
El cepillado es lo único que se va a una tarde, porque implica descolgar la puerta, apoyarla en caballetes, medir, marcar, cepillar, lijar y repasar el canto con barniz o pintura para que no absorba humedad por ahí. Es otra liga, y por eso va al final.
Cómo hacer que no vuelva a pasar
- Aprieta los tornillos de las bisagras una vez al año. Treinta segundos por puerta y te ahorras la caída.
- No cuelgues peso de la puerta. Un colgador con seis abrigos en la hoja multiplica la carga sobre la bisagra de arriba, que es justo la que falla.
- No la cierres de golpe ni la uses de tope. Cada portazo es un tirón sobre los mismos tornillos.
- Ventila. Mantener la humedad de la casa en un rango razonable es lo que evita que la madera se mueva de estación en estación.
- Si algún día cepillas un canto, séllalo. La madera recién cortada absorbe humedad mucho más rápido que la que está barnizada. Una mano de barniz o de pintura en el canto evita que la puerta vuelva a hinchar por ahí.
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si la puerta ha caído o ha hinchado?
Con el test de los cinco segundos: abre la puerta noventa grados y levanta el canto del pomo con la mano. Si sube dos o tres milímetros, ha caído y es cosa de las bisagras. Si no se mueve nada, no ha caído y lo que ha cambiado es la madera, el marco o el suelo.
¿Puedo cepillar una puerta que roza por la humedad?
Puedes, pero es mala idea. La madera es higroscópica: absorbe humedad y se hincha, la suelta y encoge. Si cepillas en la época húmeda, cuando llegue la seca te quedará una holgura permanente por la que se ve la luz. Si no hay más remedio, lija solo el punto que traba y lo mínimo.
¿De qué longitud tienen que ser los tornillos largos de la bisagra?
Entre 60 y 70 milímetros suele bastar para atravesar el cerco y morder lo que hay detrás. La cabeza tiene que quedar embutida en el avellanado de la bisagra; si sobresale, la bisagra no asienta y empeoras el problema.
La puerta llega al marco pero no engancha, ¿qué hago?
Ese no es un problema de roce, es del cerradero. Mira el agujero de la chapa del marco: verás una marca del pestillo por encima o por debajo. Afloja los dos tornillos, mueve la chapa tres o cuatro milímetros en esa dirección y vuelve a atornillar. La puerta no se toca.
¿Puedo ajustar una puerta cortafuegos que roza?
No por tu cuenta. Están certificadas como conjunto, y recortar la hoja, cambiar bisagras o sustituir la cerradura puede invalidar esa certificación. Si roza, hay que avisar al mantenedor o, si está en zona común, a la comunidad.
¿Sirve poner arandelas en las bisagras para subir la puerta?
Sirve para levantar la hoja unos milímetros cuando el problema es que arrastra por el suelo, y es reversible, así que no hace daño probarlo. Pero no corrige la causa si la bisagra está suelta: si los tornillos giran en vacío, la puerta seguirá cayendo con arandelas y sin ellas. Primero los tornillos, después las arandelas.